04 mayo 2012

Dolor de estómago ajeno

[117] ¡No juegues con las profundidades del otro!
Ludwig Wittgenstein

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Con toda honestidad, esto de ver cambios tan drásticos y acelerados (que, lamentablemente huelo como poco auténticos) en personas que conozco muy poco, me produce un malestar considerable; malestar estéril y sin sentido, cosas que no deberían afectarme, que simplemente no me incumben.
Solo digo, ruego en realidad: con las personas no aplican los principios de la termodinámica.

01 abril 2012

Herejía matutina

Y se supone que agitar fibras entrelazadas de una planta muerta supuestamente resulta ser menos ridículo en comparación con creer que hay montones de vírgenes esperándote en el cielo si mueres por la yihad.

20 marzo 2012

El viejo tema familiar

Lo asumo: provengo de un núcleo familiar bien constituido, o de esquema clásico si así lo desean definir.
Este ha sido asunto inevitable a lo largo del tiempo, ya que, siempre que surgen distintos tipos de conflcitos en mis círculos sociales íntimos, se genera la inevitable sensación de torpeza, de sentirse un simple conjeturador; una especie de periodista que graba alguna nota de la hambruna en Tanzania, y, que un par de días después edita la nota comiendo una pizza entregada a domicilio.
En esos momentos, no me queda otra que, en conjunto con la simple habilidad de conjeturar, agregar algo de sensibilidad e intentar analizar y aconsejar; pero, ¡por favor!, jamás jugar a comparar, eso sería una horrenda actitud por parte de quien escribe estas líneas.
Me detengo, antes que me ponga a jugar al falso mártir (vaya redundancia) y mejor sigo escuchando a la rusa loca de la Ustvolskaya.

05 marzo 2012

Variación del mes de marzo

Es extraño, ya que uno esperaría un quiebre dramático en las rutinas de vida de los habitantes de la mórbida ciudad; quiebre que se demostraría en lloriqueos, tendencias suicidas, gestos de auténtica rebeldía en sus lugares de trabajo, aumento en el consumo de alcohol en el almuerzo familiar dominical, falta de vida sexual, reclamos ante las situaciones más insignificantes, etcétera. 
Pero no, el tedio funciona de tal manera, que no da espacio al cuestionamiento profundo de la rebeldía oculta que tiene el citadino promedio; que, lamentablemente, es mal dirigida hacia alguna persona con menores ingresos económicos, niños de la familia, choferes de transporte público, funcionarios de oficinas públicas, etcétera. 
El verdadero enemigo no está ahí, de hecho, se ha encargado de desplazarse físicamente para no tener contacto territorial con el citadino promedio.

29 febrero 2012

Variación de un tema del proselitismo amplio

A modo de conclusión a esta enriquecedora sesión de nuestro grupo, se los confieso, amigos presentes; yo antes sufría de un proselitismo crónico, he de reconocerlo con toda sinceridad; pero, lamentablemente, no soy un ejemplo a seguir para ustedes que quieren rehabilitarse de este feo hábito, puesto que no fui consciente del momento preciso (y el debido proceso) en que modifiqué esta conducta. 
Pero sí, puedo entregarles la alegoría que inventé, producto de estos tiempos en que vivimos donde existe una tendencia brutal en las personas a generar constantemente una disuasión hacia quienes lo rodean: imaginemos que a equis le agrada la ensalada de cochayuyo, y a  ye simplemente no; ¿por qué tendríamos que juzgar o intentar modificar la conducta de cualquiera de estos dos entes en función de compararlos entre sí? ¿qué acaso no podemos simplemente dejarlos fluir con sus respectivas elecciones?
Es así de simple, amigos, dejemos al otro, no nos entrometamos con lo que pueda elegir, y confiemos en sus preferencias, siempre y cuando no hayan actos ilegales de por medio, ¿no les parece?.
¡Ah!, y antes que se me olvide, mejor ni hablar de la tendencia actual a buscar los concilios, los puntos medios, los acercamientos de posturas y toda esa mierda...perdónenme, pero es que el asunto me hace hervir la sangre un poco, pero si me preguntan, prefiero tener bien definido a alguien que considero opuesto antes que tenerlo a mi lado fingiendo comprensión e igualdad, ¿o no?...
Pero, me parece que ese es tema apropiado para otra junta. 
Levanto la sesión por el día de hoy, muchas gracias por venir, espero verlos la próxima semana.

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(Pendiente)

23 febrero 2012

Variación del tema de las presentaciones en sociedad

Nunca había sido un ejemplo de la sociabilidad y la empatía a flor de piel, pero con el paso del tiempo se dio cuenta de simples hechos que facilitaban de sobremanera el asunto:

1) A las personas en estas situaciones sociales y más aún cuando se está dialogando con la persona que resulta ser el centro de una celebración– les gusta ser escuchadas, nunca escuchar; por lo tanto, el papel del receptor debe remitirse a afirmaciones y ejemplos propios que sirvan de respaldo a lo que ha expresado el emisor.

2) El alcohol, en dosis moderadas, es siempre una ayuda.

3) Deben existir una materia que sea bien dominada por el ente que se sumerje en los océanos de las presentaciones en sociedad, esto es, un tema que posea una esencia hilarante. Se recomiendan, anécdotas de estados alterados de la conciencia, datos anecdóticos de sexo (recomendables cuando haya presencia de hálito alcohólico en los comensales, no se recomienda para almuerzos familiares o bautizos) chistes respecto a la figura de Miguel Juan Sebastián Piñera Echenique, análisis de creencias esotéricas, información respecto al origen y esencia de alguna bebida alcohólica; entre otros.

4) Debe existir una tendencia por parte del receptor, a no corregir ni ofrecer ningún tipo de debate; puesto que el contexto siempre llevará a definir al receptor que inicia este tipo de situaciones como la persona que está haciendo algo que no corresponde.

5) Nunca, pero nunca; rechazar alguna bebida alcohólica, a menos que: a) Ya tenga una. b) El grupo en el que se encuentre sea de confianza o de número reducido. c) Se esté manejando un vehículo motorizado, en los últimos tiempos esta es una fabulosa excusa.

6) En general, mantener una actitud comprensiva, diligente, y, por que no decirlo, empática: no es tan difícil.

22 febrero 2012

Variación de lo que puede denominarse como inspiración

Es irónico el hecho de repetirse constantemente que no hay inspiración, o tema para escribir algo decente a modo de desahogo, de matar el ocio, de intentar inventar algo que provoca un extraño sentimiento de conformidad; pero, con el paso del tiempo, y al improvisar en el teclado, que surjan relatos confusos, con elementos extraños y ambiguos, que de todas maneras, mantienen una esencia digna sin lugar a dudas que resulta particularmente llamativo.

Paranoia en base a la desmemoria

No, estimado, no es que sea paranoico; sólo es que tiendo a tener demasiado tiempo mental ocioso que me lleva a revolver (y resolver) las cosas en exceso, eso, acompañado de una mala memoria llevan a hacerme creer que cosas que sucedieron parecen novedosas cuando son recordadas, o que hechos  inexistentes parezcan haber sucedido hace poco tiempo.
El resto eso sí, es todo culpa de quien quiera ponerse a jugar con mi delicada mente, de hecho, es algo que suele suceder, y molestarme bastante, lo reconozco. Es que de verdad, es muy simple ponerse a molestar a un pobre desmemoriado paranoico, algo me dice que si tuviese enemigos afortunadamente creo no tenerlos, pero, en estos tiempos tan agitados, como que nadie puede darse el lujo de semejante afirmación podrían sacar una ventaja ENORME de esta caracterísitca de mi errabundo ser.
¿Acaso cree que es muy fácil todo esto?
De hecho, su cara me parece conocida, ¿seguro que me detuvo sólo para preguntarme la hora?

19 febrero 2012

Variación de escena de centro comercial

Seguramente, al pensar en lo idiota que se veía: un símbolo de la eterna espera, del exceso de perdón, del miedo a pensar por si mismo, y, a fin de cuentas, de su propia inseguridad a quedarse solo.
Así, decidió amarrar el globo plateado rojizo a la banca (la del primer encuentro, parte de alguno de los múltiples recuerdos que servían de chantaje límbico) lugar testigo de múltiples intentos por revivir una relación desgastada;  apagar el celular, y caminar en el atardecer hasta ser capaz de tomar una verdadera decisión.

17 febrero 2012

Relato costumbrista con título pendiente

Nunca faltan encontrones cuando un pobre se divierte.
Enrique CadícamoTres amigos

***

Le bastó con mirar a su hija disfrutando en la plaza, simplemente fascinada con un pequeño cachorro callejero, para decidirse. Se levantó del banco en el cual había presenciado el inocente juego de la niña, y con voz suave le indicó que era momento para que comenzaran el camino de vuelta a casa, la niña entiende y luego de una última caricia al perro, corre hasta donde está su padre y le tira el pantalón en señal de que quiere subirse en sus hombros.
Con la niña mirando desde las alturas la colorida plaza y mientras se sujeta con firmeza a la cabeza del padre, se encaminan por algunas calles céntricas del pueblo que parece congregar a la mayoría de la gente esforzándose por parecer acelerada y ocupada. El padre por su parte, pensando en que tendrá que hacer para conseguir mantener a la familia durante el fin de semana largo que comenzaba, el motivo que de seguro alegraba a tantos niños y sus padres hace un momento en la plaza; pero que para otros resultaba una incómoda situación que tendía a ser frecuente todos los meses.
Antes de llegar al supermercado, el padre alza a la niña y la pone a su lado para que caminen de la mano, el hombre mira a su hija con una sonrisa resignada. Ingresan al local, el padre hace el ademán de buscar un billete en su billetera –en realidad es el único, pero la posible mirada del algún desconocido lleva a actuar de tal forma al padre– y entregárselo a la niña que se adelanta en el pasillo bajo la enternecida mirada de algún empleado.
La niña se adelanta con paso firme hasta donde habían acordado antes de llegar a la plaza hace un par de horas: tenía que ir donde estaban las frutas y las verduras, escoger y echar en una bolsa los tomates que necesitaban para tomar once, después ir para que pesaran los frutos y luego con el billete que le daría ir a pagar en la caja.  La niña va concentrada en recordar las instrucciones que el padre le había entregado, y que ahora parecía poner en marcha sin complicaciones. El padre camina tras la niña a paso calmo, con ambas manos en los bolsillos de su chaquetón; una vez en la estantería, le advierte a la niña respecto al color y la textura de los tomates que debe elegir, después, sigue a la niña hasta el aparador donde un joven etiqueta la bolsa luego de que el padre le diga que la jovencita estaba comprando lo que faltaba para la once.
La pequeña se adelanta por un pasillo, el padre se agacha para abrocharse un zapato, le indica a la niña que siga hasta las cajas y que lo espere; una vez ambos en la caja, el padre señala en voz alta lo que estaba olvidando: entregar la bolsa y el billete a la cajera. La mujer realiza la transacción con una sonrisa en el rostro y le hace entrega a la niña del vuelto agregando deseos de fortuna en el resto del día de la damita.
Camino a la salida del almacén, los detiene con cordialidad un hombre; que, saluda a la niña y mira detenidamente al padre –nada menos que todo un momento para el padre– el hombre saca un caramelo desde el bolsillo de su impecable delantal blanco y se lo obsequia a la niña, el padre rígido, intentando hablar con naturalidad, señala a su hija qué es debido decir en una situación como esta, ante lo cual la pequeña se dirige al hombre con un agradecimiento al caballero.
Una vez afuera, y luego de negarse a la petición de la niña para subirse nuevamente en los hombros del padre alegando cansancio y bajo la promesa de que va quedando poco para llegar. La niña se dispone a caminar con las monedas repicando en el bolsillo de su abrigo rosado, y disfrutando del dulce en su boca; padre e hija caminan poco más de una cuadra hasta la cantina Camino al mar.
Por primera vez desde salir del supermercado, el padre retira su mano derecha desde el chaquetón para estrecharla con che Bernardo, dueño del local ocupado por un trío de hombres que conversan en voz muy baja, como privilegiando la voz de Alberto Castillo que se escucha en una radio a lo lejos. El padre extrae de su costado izquierdo una botella de vino y le pregunta cuánto le puede dar por esta.
Che Bernardo desvía la mirada a algún rincón y con un rostro inexpresivo se acerca al padre y le dice en voz baja –poco usual en él– con calma y discreción:
–De verdad, no sabría decirle, amigo, pero mejor usted me dice cuanto es lo que necesita.
El padre se queda paralizado ante la respuesta del hombre, mira a su hija que está a sus pies agachada rascándole el vientre a un gato tricolor que había seguido desde la entrada a la niña. Con el orgullo acallado por el alivio de la situación, se acerca a don Bernardo para explicarle que no le quisieron pagar en la mañana por no sabe qué problema de la contabilidad de la obra, y razón por la que el pago del mes lo harían el martes a mediodía; que, sin más, estaba empezando un fin de semana largo especialmente incómodo por el hecho de apenas tener dinero para la comida de esa noche y quizás el almuerzo de mañana, que necesitaba algo de dinero para solamente ir a la feria mañana, para que…
–No siga, amigo, lo entiendo, son cosas que pasan y que hacen estos boludos que tienen la guita y que no se quieren dar cuenta de todo el daño que hacen; cuando no canta Gardel todos nos quedamos esperando afuera del teatro…arreglemos esto altiro, espéreme, no se vaya.
Don Bernardo abre la cortina que cubre el umbral detrás del aparador e ingresa en la habitación contigua. El padre recuerda las veces en que su propio padre ocupaba la expresión cuando canta Gardel, y mira a la niña que aprovecha para decirle a su padre que ya se le ocurrió un nombre para el gato y que podría llevárselo a casa, que hace tiempo su madre le había dicho que hacía falta una mascota en el hogar; el padre asiente en silencio y advirte a la niña que no deje ir al pequeño gato, la niña responde que ya son amigos con el gato… el padre no escucha el nombre que la niña dice puesto que se gira cuando vuelve don Bernardo.
–Ahí tiene amigo, ¿está bien con eso? –dice el hombre luego de hacerle entrega de un billete bien doblado, el padre lo examina brevemente y le indica al hombre que es suficiente, que está muy agradecido, le acerca la botella a don Bernardo, quien la rechaza con un gesto rápido, diciendo:
–No, amigo, no se preocupe, llévesela, ¿cuándo cree que pueda pagarme?
El padre responde que el martes mismo, en la noche, sin falta, que no va a tener ningún problema porque le habían dicho que…
–Y bueno, eso no importa, será cuando usted pueda, mire que cuando de pagar se trata los que tienen la guita siempre salen con algún problema; yo confío en que cuando tenga, lo veo por acá, ahora apúrese, que está corriendo un sur que quiere llover fuerte, vaya a su casa, tómese una copita con su señora y mañana despiértese más tranquilo.
El padre asiente, sin poder decir nada, y estrecha con fuerza la mano del hombre, que dice:
– Quiéranse con su mujer, no se amarguen por que un día pueda faltarles algo, sigan luchando, que de eso se trata todo esto, y mejor si tienen una linda piba que los empuja a seguir poniéndole el hombro a la vida-
Che Bernardo saca una bolsa plástica de un cajón del aparador, y echa la botella en ella; le entrega el paquete al padre, que indica a su hija que se despida; ambos hombres estrechan sus manos una vez más.
Una vez afuera, le pide a la niña la bolsa con los tomates, deja ambos bultos en el suelo y se coloca a su hija –que sostiene en su regazo al pequeño gato tricolor– sobre sus hombros, coge los paquetes y camina rumbo a casa.  Le pregunta a la niña qué nombre tenía su nueva mascota, a lo que la niña responde: tomate.


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27 enero 2012

Anotaciones osorninas

Presencia habitual de curados en las caminatas por Osorno. Resulta llamativo, cuando no se avista ninguno. Hombres ociosos, que en una tarde de viernes observan, a orillas del río, un partido de fútbol aficionado; en sus caras y en su forma de hablar no hay animosidad, pero tampoco apatía del todo; un equilibrio que resulta agradable como para escuchar su conversación durante un cigarro. (En el partido, llama mi atención un hombre manco que juega de lateral izquierdo.)
Mascotas siendo paseadas a lo largo de la bella costanera, una, obligada por un niño a que se sumerja brevemente en las frías aguas para buscar una pelota.
Las empinadas calles solitarias me hacen encontrar un estacionamiento barroso con un microbus desmantelado, recuerdo fragmentariamente a mi extravío infantil en las calles de Angol, provocado precisamente por un auto desmantelado que se presenta como lugar ideal para jugar.

(28 de octubre)

09 octubre 2011

Breve variación sonriente

Y penan las ánimas en la gran mayoría de estas vitrinas de experimentos literarios y reflexiones varias, al parecer, las mentes están sacando y generando sus propias conclusiones y no exponiéndolas desesperadamente. Puede que lo más irónico sea el hecho de que el tiempo libre es inversamente proporcional a lo escrito en este medio virtual.

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Es momento de co-escribir un novelón para poder financiar las carreras universitarias o lo que sea.
¡He ahí el futuro de la nación, señores!

20 julio 2011

Precisión benzodiacepínica

El problema no era la rutina, por así decirlo, por el contrario, la existencia de actos que no salieran de la cotidianidad, era la gran certeza que conseguía tranqulizarlo un poco.
Como todos los días de trabajo, en el primer nivel de la enorme estación de metro, compraba una botella de alguna bebida al azar; se despedía con fingida cortesía del trabajador de turno, y, a un lado de la escalera eléctrica, junto a un basurero, procedía a tragar las dos pastillas de clonazepam, con un gesto acompañado de un profundo suspiro. A continuación botaba el envase casi lleno en el basurero y se acomodaba con tranquilidad en la escala. 
Luego de la quinta cuadra de caminata, el maletín (con escasas pertenencias) comenzaba a hacerse incómodo y pesado en la mano derecha; más allá, doblando en la oscura plaza el mareo era ya suficiente como para olvidar el desagrado de tener que enfrentarse con su ambiente hogareño.
Luego, en la sucia cocina, las fuerzas le daban justo como para vigilar el tostado de algún pan de hace un día o dos, caminar a orinar en el baño (lección aprendida luego de un accidente nocturno, cuando tan sólo necesitaba una pastilla minutos antes de acostarse), tenderse en la destartalada cama y cubrirse con las ásperas frazadas.
Pero, mañana (en apenas un par de horas más en realidad) sería otro día, ese era precisamente el problema.

18 julio 2011

Variación respecto al concepto de "felicidad".

[Dirigido al bueno de Ozzymandias]


En momentos como este es inevitable caer en cuestionamientos solitarios respecto al significado de la palabra felicidad en su perspectiva ontológica, luego quizás recordar una que otra conversación con alguna amistad en la cual se pretendía descifrar este término, a partir de la síntesis de las opiniones mordaces y las experiencias llenas de resentimiento; o, intentar analizar al resto de la gente para intentar conjeturar cual será el significado de semejante palabra para cada desconocido que pueda avistarse en el transporte colectivo.
La intranquilidad es parte inevitable de aquellos que siempre consideran a la vida injusta, pero que en el fondo jamás han perdido las esperanzas. 
Porque no nos basta con lo que conseguimos luego de quizás cuantos esfuerzos, de inmediato surgen nuevas preocupaciones, misterios inventados, elucubraciones respecto a los temas más inútiles y a las situaciones que ya se creían olvidadas.
No olvidar que la culpa es un sentimiento mucho más fácil de generar de lo que parece a primera vista, puesto que la auténtica culpa es aquella que en verdad nunca logramos examinar de manera consciente, y que sólo terceras personas son capaces de señalarnos.
No olvidar tampoco que a estas alturas de la vida es mejor hablar de tranquilidad y no de felicidad, concepto etéreo y que sólo sirve para fomentar la creación de una meta, que en el mundo actual, es inalcanzable.

14 julio 2011

Variación respecto a la amistad por semejanza

Lejos, la peor forma de formar una amistad debe ser a través del sentirse identificado con hechos, situaciones, personas, desencuentros, etc; con algún otro, y continuar reforzando esos puntos en común, como base, argumento y totalidad de una amistad.
Sin lugar a dudas es una falacia, creer que el refuerzo positivo de situaciones como el análisis desmedido del pasado, la creación de enemigos, la comparación y análisis de dichos enemigos y el sufrimiento en común puedan manifestarse como el único recurso para la justificación de una amistad, sí, puede ser el inicio, pero, por favor, que sea breve, y, sin la necesidad de despellejar al terceras personas.

(La tolerancia nos convierte en jueces parciales.)

29 junio 2011

Justo a tiempo

La inevitable mística de las caminatas rumbo a casa a horas de la madrugada en las cuales la gente-trabajadora-útil duerme plácidamente. Ningún pensamiento ni reflexión importante, sólo el ejercicio de mirar el vapor que sale de cada resuello en la fría noche.

06 junio 2011

Recordatorio, pobre imitación de un escritor de hace mas de cien años.

Escribir algo respecto a los ancianos.
Escribir algo respecto a un tema y/o personaje de manera anacrónica.
Escribir algo respecto a los barrios de Santiago centro.
Escribir algo respecto a las amistades forzosas.
Escribir algo respecto a los suicidas.
Escribir algo respecto a las personas de éxito vacías.
Escribir algo respecto a la incapacidad de auto-cuestionamiento de éstos días.
Etcétera.

09 mayo 2011

Ni idea que es esto

El leproso es el peor, pues cae en la vanidad de creerse especial, no se ha dado cuenta que hasta un ente como él tiene una función muy bien delimitada, necesaria, y vulgar.
Ahora entiendo el motivo por el cual estuvo llorando toda la noche, pero, no entiendo por que se cree leproso.

20 abril 2011

Un etcétera y unos cuantos hechos recientes

Ya que se han puesto en boga las numeraciones:

1.-El hecho de llevar mas de un mes y medio durmiendo al menos 7 horas al día no asegura ningún tipo de equilibrio mental.
2.-El poseer una agenda no genera la aparición de más actividades en la vida,o, de un orden acabado en el caso de que se presenten pocas actividades.
3.-El uso de pelo corto facilita de sobremanera el proceso habitual de higiene personal.
4.-El ajo es la mayor bendición otorgada por la evolución de los organismos celulares de pared rígida a nosotros, los mamíferos.
5.-La gente en estos días posee una sensibilidad excesiva, un simple gesto pareciera poder provocar linchamientos o llanteríos.
6.-El género musical denominado "rock" alcanzó la perfección en el año mil novecientos setenta y uno de la era cristiana.
7.-El tedio del fingimiento universitario sólo puede compararse al tedio de una sala de espera.
8.-Odio las electrocuciones involuntarias.
9.-El respeto por las normas de tránsito (en cuanto a peatón) siempre es un beneficio para uno mismo, un desperdicio para otras personas.
10.-Las lecturas ociosas de Ludwig Wittgenstein, Miguel de Unamuno, Bernardo Soares o Fiodor Dostoyevski, podrán ser ociosas, mas no vanas.
11.-La confianza no implica lealtad.
12.-El intentar joder a las personas es una actividad en extremo desgastante y estéril, cada quien tiene sus propias mierdas en suficiente medida como para supuestamente recibirlas.
13.-El reloj circadiano es una asombrosa capacidad del sistema nervioso humano.
14.-Los conocimientos enciclopédicos (como la altura exacta del Monte Everest) es motivo de miradas de incredulidad e hilaridad.
15.-La coloración del iris siempre es motivo de un tipo de personalidad específico.
16.-El whisky es un excelente expectorante.
17.-El nombre de la capital de la República de Madagascar es Antananarivo y no Antananaviro.
18.-La gente no es reemplazable a corto plazo, es intercambiable por un tiempo, puede que despúes se descarte a alguien en función de otro.
19.-La novela 2666 es initeligible -en la humilde opinión de quien escribe estas líneas- desde sus páginas iniciales. Así, Roberto Bolaño,como novelista, es un respetable cuentista.
20.-La experimentación con elementos aluminotérmicos puede resultar fascinante.
21.-Etcétera.

19 abril 2011

Creatividad plagiada de algún comentario ya hecho, o, "Yo y mis historias"

Otro sigma


Un adolescente, en medio de su rutina semanal de transporte colectivo, camina por el andén de una concurrida estación tren subterráneo. Cuando se aproxima a un punto del andén con un poco menos de gente ve una sombra que se desliza de manera vertical hacia los andenes del tren, de golpe siente un calor en su rostro, un fino zumbido en los oídos y un corto mareo: un par de gritos femeninos se escuchan antes de el sonido de una de las máquinas frenando. El joven, se acerca para confirmar lo que presentía: en el foso de concreto consigue ver un par de “chapulinas”  entre medio de la estructura inferior del tren.
Un guardia se acerca al lugar con los brazos extendidos, anuncia a viva voz que la estación se cierra. El joven, con la mente demasiado ocupada como para realizar cualquier acto volitivo, se dirige con el cuerpo acalorado hacia la salida de la estación. Mientras sube por las escaleras se encuentra con algún conocido y un par de personas que lo acompañan. Le basta decir dos palabras para que el grupo entienda lo que sucede.
De alguno de los sujetos que acompañaban al conocido, escucha: ¿Y no me van a devolver la plata del boleto? 
Sólo es capaz de mirar con un gesto de aversión al desconocido. Sin decir palabra alguna sigue subiendo las escaleras.

Observaciones sobre la clasificación étnica de los idiotas


En un típico viaje de sábado por la mañana, de vuelta a casa, veo a un padre con una hija de unos 14 o 15 años y a su hermano de edad indescifrable con síndrome de Down.
En el transcurso del viaje, logro conjeturar un desapego terrible por parte de padre y hermana ante su pariente, no les importa que vaya sentado en el extraño peldaño que divide las secciones de la micro y que los bamboleos de la micro puedan por terminar con niño de torpes movimientos en el piso. Finalmente es cuando los tres llegan a su destino que el padre cambia su interesante lectura de Las últimas noticias por el gesto desinteresado para indicar a su hijo que bajan, de la hija ni hablar, ya los espera abajo, en el paradero con mirada impaciente.
Es verdad, nadie está preparado para una desazón semejante como el conocer que una vida estará decidida como diferente e inferior; pero el trato del día a día es precisamente el que debiese servir para que las familias logren escudar a aquellos miembros. Pero, pasar al frío trato de la indiferencia como una supuesta forma de aceptación es una burla basada en la irresponsabilidad de no querer hacerse cargo de lo que el azar genético ha otorgado. 
A veces, simplemente no puedo evitar pensar en que la presencia de enfermedades tan desgastantes y paralizantes es una de las tantas pruebas empíricas de un Dios burlesco y tremendamente cruel.

30 marzo 2011

En muy breves palabras

         

          Fui parido, bajo la modalidad de parto denominado cesárea, en un anochecer veraniego del año mil novecientos ochenta y ocho de la era cristiana, inscrito bajo los dos nombres que resultan del primer nombre honorífico del ducentésimo sexagésimo cuarto Papa de la Iglesia Católica y el nombre de pila de mi fallecido abuelo paterno, respectivamente, era eso o seguir con la onomástica en honor al teólogo italiano Tomás de Aquino.
           El sacramento del bautismo bajo el dogma de la Iglesia católica apostólica romana fue ejecutado cuando contaba con unos ocho meses de vida extrauterina. Desde ese entonces, y hasta la actualidad, mi vida se ha desarrollado en su mayoría en un sector específico de las chacras otrora pertenecientes a los antepasados del actual Diputado de la República, el Señor Carlos Montes Cisternas.
          Hasta los cuarenta meses de edad, fui preocupación en mi familia debido a la ausencia de palabras articuladas, una vez desestimadas las sospechas de enfermedad, y, con el paso del tiempo, pude ser integrado al tradicional esquema educativo. Los primeros años los desarrollé en una institución dirigida por monjas pertenecientes a la orden franciscana, en el cual pasé todo el período de la infancia bajo una relativa calma y normalidad.  Lo que corresponde a pubertad se desarrolló a partir del séptimo año del ciclo de enseñanza básica y durante ocho años, en instituciones educacionales diametralmente opuestas como lo pueden ser un “liceo tradicional” y un colegio particular subvencionado. El paso siguiente –entendiendo como “paso” a la convención social de apegarse cronológicamente a  un determinado esquema educacional- fue convertirse en el ejemplo por antonomasia de la denominada “clase media emergente”, al ingresar a una institución educativa universitaria.


03 marzo 2011

Tres recuerdos en medio de la tos

1)
Un adolescente deshidratado viaja en la parte posterior de una pequeña micro, justo en el asiento tras la segunda puerta; lleva unos cuarenta minutos viajando en medio de una somnolencia producto de la feroz borrachera que se indujo unas horas atrás. Mira el ya bien  paisaje de la calle que ha recorrido durante años rumbo a su hogar. En una curva de la avenida, ve una bencinera que se encuentra a desnivel de la calle principal, en el acceso al local, un automóvil sin freno se dirige en reversa en dirección al vehículo en que viaja. Tiempo después consideraría el único y patético pensamiento  que logró esbozar en aquel instante: la sensación de sed acompañada de unas fuertes ganas de orinar. Vidrios por todos lados, pequeños trozos de vidrio plastificado, no tiene ninguna herida. En el momento se limita a levantarse del asiento de manera autómata  y sacudir los trozos de vidrio de su ropa, pelo y el asiento. Mira con frialdad al chofer que se encuentra pasmado ante el impacto del automóvil que ha roto su vidrio trasero y el microbús que queda con una abolladura en la parte posterior. Una señora lo mira con extrañeza, el chofer baja, el adolescente solo anhela que el bus se ponga en marcha nuevamente lo antes posible, no le interesa la situación y cualquier significado que ésta pueda tener; desea volver cuanto antes a su casa para poder orinar en paz y beber agua antes de echarse a dormir durante toda la tarde dominical.
2)
El mismo adolescente, quizás tiempo antes, puede que tiempo después (nunca hay exactitud en escritos como éste) en medio de su rutina semanal de transporte colectivo, camina hacia una posición determinada de la detención de tren subterráneo, en medio de su desplazamiento ve una sombra que se desliza de manera vertical hacia los andenes del tren, siente un calor en su rostro, un par de gritos femeninos se escuchan antes de el sonido de una de las máquinas frenando. Se apresura a ver lo sucedido, y solo consigue ver un par de “chapulinas”  debajo del tren. Un guardia anuncia que la estación se cierra. Se dirige con el cuerpo acalorado hacia la salida de la estación, se encuentra con algún conocido que no logra identificar, de alguno de los sujetos que acompañaban al conocido, escucha palabras como ¿Y me van a devolver la plata del boleto? Sólo es capaz de mirar con repugnancia a quien ha dicho algo así. Sigue subiendo las escaleras, sigue subiendo.
3)
Años después, en un agradable atardecer de primavera que oscurece con rapidez la ciudad un tipo joven camina hacia la casa de algún amigo, intentando buscar alguna variación a la familiaridad de las calles por las que transita, se acerca a un semáforo en rojo, el tránsito de la calle principal se detiene; a unos metros, una señora se dispone a cruzar la calle, en el intertanto, un automóvil hace caso omiso de la luz de detención e impacta a otro, en el deslizamiento de los vehículos, pasan a llevar a la señora a un lado del semáforo. El tipo corre para presenciar a la mujer con el rostro ensangrentado y quejándose; intenta llamar a algún teléfono de emergencias, por algún motivo no logra establecer la comunicación; desde una camioneta se acercan unas personas para ayudar a la mujer. Levanta la mirada y ve a los vehículos impactados a unos metros de distancia, por instinto corre hacia el lugar y ve con claridd lo que sucede: una mujer agarra del brazo a un joven que al verlo corriendo hacia él, escapa. El tipo lanza al pasto a un lado de la acera su bolso a un lado de la mujer que había intentado apresar al joven y sale en la persecución del adolescente, al llegar a una esquina el más joven cruza corriendo una calle lateral  sin mayor dificultad, pero, el perseguidor casi es atropellado por un vehículo que doblaba en ese momento. El tipo se detiene y ve a un automóvil con un policía dentro que siguen parten tras el adolescente que escapaba.
El tipo vuelve a buscar su bolso, haciendo oídos sordos a todo lo sucedido, a la mujer que le intenta preguntar algo, a un hombre que se ha acercado y le pregunta por lo sucedido y a otro policía que llegó al lugar. No le interesa nada, intenta no creer que vio a una mujer a punto de morir; prefiere no saber nada. Se queda de pie inmóvil un momento tan sólo mirando lo que sucede, no aguanta mucho y se va.

***

Un elemento en común: la estupidez humana.

21 febrero 2011

2:45 AM (plagio)

Nunca he tenido un propósito estable, siempre me he movido por lo que puedo observar y como después acometo con un acto inesperado; eso, sin contar el ciclo de todo esto, que contemplo al tiempo en una silenciosa noche dominical.

17 febrero 2011

Simple egoísmo

El despertar en el hospital no fue tan memorable como uno imagina cuando está sano -al menos físicamente hablando- del todo: despertar rodeado de seres queridos que han esperado luego de jornadas enteras de ansiedad y sufrimiento, o la lucha de otros contra alguna desalentadora enfermedad que aleja con facilidad a la gente que finge cercanía, o, en el peor de los casos un desahuciado como perfecta excusa para unir por unos días, y, volver a desunir por años a familias enteras.
La primera impresión es un olor nauseabundo: encierro de cuerpos enfermos, decaídos, sin mayores ánimos para preocuparse de quien está a su lado ni de qué hora es, si existe algún rastro de esperanza es el conseguir alejarse lo más posible de la descomposición definitiva; por fortuna, el leve aire frío que proviene del pasillo me hace olvidar por un momento la pesadez en el aire de la habitación.
Recién cuando veo una aguja puesta en mi antebrazo tengo la certeza de que estoy en un hospital, y que en medio del mareo adolorido con el cual despierto soy plenamente consciente del motivo que me trae hasta acá, a esta habitación de techo alto con unas cuantas camas iluminadas por la fría mañana.
Mientras palpo mi nuca veo en la cama contigua a un niño que me mira con una amplia sonrisa en la cara, antes de siquiera pensar en por qué está aquí, me apresuro a mover la cabeza en señal de apático saludo y evitar su mirada.  
Vuelvo a recostarme y miro al techo, puedo sentir la mirada del niño de la cama del lado, de a poco el mareo con el cual desperté se hace llevadero. Comienzo a recordar el rechinar de neumáticos, la inercia brusca de la cual creo haberme defendido en parte y los cuerpos yendo de un lado a otro, el vidrio mezclado con gotas de agua, después mi vista que se va a negro por un momento en el cual sólo consigo ver un diminuto punto brillante en el centro, escucho el sonido de fierros tensionados y un breve silencio. El olor a aceite y bencina, el peso de un par o mas de cuerpos encima de mis pies y de mi brazo, el sabor metálico de la sangre en la boca, el dolor terrible de la pierna izquierda, el brazo derecho entumecido, me doy cuenta que no me siento tan mal y que incluso puedo moverme con relativa facilidad, es en ese instante de alivio cuando comienzo a escuchar lamentos, quejidos, gritos de ayuda, con aversión recuerdo que en el bus iban al menos otras 20 personas; hombres, mujeres, unos cuantos jóvenes exhibiéndose en la parte trasera de la máquina, una familia que volvía de algún lugar a esas horas de la noche, el niño más pequeño hipnotizado con un globo enorme que quedaba suspendido en el techo del bus. Los recuerdos, la escena, el estar con algún moribundo encima, todo me comienza a desesperar. No quiero tener que quedarme para ver morir a alguien o tener que ayudar en vano a otro; con furia consigo abrirme paso hasta afuera de la inmóvil máquina encima del pavimento húmedo y algo caliente; antes de quedar inconsciente recuerdo a los peatones acercándose al vehículo volcado, el cielo gris y mis manos y brazos manchados, sangre ajena, las rodillas también, llueve, y mi sangre mezclándose sin dificultad con la sangre ajena, la cabeza dándome vueltas, las súplicas de los que todavía están dentro de la máquina, el recuerdo de alguien cogiéndome una pierna o un brazo cuando me arrastraba hacia afuera, y el rápido anochecer que cubre las calles, el hedor de los suplicantes, el chaquetón manchado con sangre ajena, el niño del globo plateado, mi sangre que apenas logro diferenciar de la ajena, me parece improbable que un solo cuerpo pueda derramar tanta sangre, pienso, pero la idea no me parece del todo imposible, asco, asco de mi sangre rodeada de sangre ajena, asco de la gente, asco de mi mismo.
Levanto la cabeza y me giro de golpe.
No, el niño de la cama de al lado no era aquel que había visto disfrutando su globo plateado, de hecho, presiento que aquel niño no sobrevivió.
Debo irme, ahora.